El Teoca, “cementerio de dioses” resguarda una cancha en el corazón de su cráter, allí, el eco de sus partidos, se mezcla con sus historias de resistencia, desde una portería de madera, levantada a caballo o hasta vigilancia comunal evitando la invasión urbana. Entre balones y volcanes, revela cómo el fútbol se transforma en un ritual de pertenencia y en un acto de resiliencia de una comunidad que protege el volcán como parte de su herencia.
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