Partimos de una certeza que nos dejó Raymundo Gleyzer: ese proyector que se enciende para mostrarnos otras vidas nunca se abandona. El cine como trinchera, como punto de encuentro, como ejercicio de memoria. Desde los manifiestos del Tercer Cine latinoamericano en los años sesenta, cuando la cámara se pensaba como una herramienta política, casi como un arma, hasta este presente convulso, las preguntas siguen ahí: ¿Qué estamos filmando ahora? ¿Desde dónde? ¿Para quién?
Este ciclo reúne cinco películas latinoamericanas que se acercan a esas preguntas desde lugares distintos. No son obras que simplemente registran lo real: lo miran de frente, lo atraviesan, lo discuten. En ellas, la no ficción aparece como una forma de intervención, como una manera de volver visibles las tensiones que muchas veces quedan debajo de la vida cotidiana. Desde historias íntimas, familiares o personales, estas películas llegan a zonas más amplias: la identidad, la desigualdad, la violencia, la memoria, la historia compartida.
Aquí el archivo no funciona como una reliquia guardada, sino como algo que todavía puede abrir heridas, preguntas y disputas. La memoria no aparece como nostalgia, sino como una forma de sostenerse frente al olvido. La identidad tampoco se presenta como algo cerrado, sino como un proceso que cambia, se contradice y se reconstruye. En ese gesto, las películas del ciclo nos recuerdan que volver al pasado, ya sea personal, colectivo o político, también puede ser una forma de reparación.
Hechas muchas veces desde la urgencia, desde la falta de recursos o desde la necesidad de contar lo que no siempre encuentra espacio, estas obras construyen otras formas de narrar América Latina. No buscan explicarla desde afuera, sino hablar desde sus territorios, sus heridas, sus preguntas y sus imaginarios. En ese sentido, dialogan con aquella vieja consigna de una cámara en la mano y una idea en la cabeza, pero la traen al presente con nuevas formas, nuevas voces y nuevas preocupaciones.
Frágiles, rabiosas, poéticas, estas películas preguntan cómo seguir filmando cuando el mundo se tambalea. Y también nos invitan a volver a algo sencillo y poderoso: compartir una sala, una oscuridad, un haz de luz. Creer todavía en el cine como un acto colectivo. Porque filmar, recordar y resistir siguen siendo maneras de intervenir e imaginar el mundo.
Gabriel Mora
Largometraje
Dir. Trisha Ziff
Largometraje
Dir. Eduardo Velasco
Largometraje
Dir. César Uriarte
Largometraje
Dir. Tatiana Mazú
Largometraje
Dir. Nicolas Défossé, Mario Viveros