Ecos de la ciudad reúne dos películas que parten de ejercicios ciudadanos y que encuentran en esa condición una potencia narrativa particular: la posibilidad de mirar la realidad sin grandes artificios, desde sus afectos, contradicciones, duelos, convicciones y formas de imaginar comunidad.
En estas obras, la ciudad no aparece únicamente como territorio físico, sino como un espacio vivo donde se cruzan las historias íntimas y los procesos colectivos. Por un lado, El abuelo llegó, de Herbey Eguiarte Alcalá, se acerca a un relato familiar atravesado por la pérdida, los vínculos rotos y la necesidad de aprender a vivir cuando las cosas no suceden como esperamos. La aparición de un abuelo que vuelve después de la muerte abre una puerta hacia el acompañamiento, la memoria y la reconciliación, pero también hacia las marcas que dejó la pandemia en las formas de filmar, producir y sostener una película.
Por otro lado, Soy un hombre de fe y convicciones, de Joaquín Guzmán Luna, propone una aproximación documental a una figura política que ha marcado profundamente la vida pública del país. A través de su trayectoria íntima y política, la película observa la relación entre fe, ideología, persistencia y liderazgo, al tiempo que abre preguntas sobre las motivaciones que sostienen una vocación pública y sobre la manera en que ciertas convicciones individuales pueden dialogar con imaginarios colectivos.
Aunque distintas en forma, tono y punto de partida, ambas películas comparten una misma pulsión: hacer del cine una herramienta para narrar aquello que nos atraviesa como sociedad. Desde la ficción familiar hasta el documental político, este ciclo reconoce el valor de las miradas que nacen desde la ciudadanía y que, precisamente por su cercanía con lo cotidiano, logran transmitir una realidad profundamente reconocible.
En ese sentido, Ecos de la ciudad también dialoga con una de las misiones fundamentales de PROCINECDMX: no sólo democratizar el acceso al cine, sino también democratizar la puerta de entrada para hacerlo posible. Se trata de abrir espacio a un cine donde quepamos todes; un cine que no dependa únicamente de grandes estructuras, sino que pueda surgir de la urgencia de contar, de la necesidad de registrar, de la voluntad de compartir una experiencia y convertirla en memoria común.
Gabriel Mora